Opinión · Rust · Trayectoria

Hay declaraciones que me llaman la atención con especial fuerza, luego de años en el área de la ingeniería de software. Hace unos días leía en Computer Hoy una entrevista a Greg Kroah-Hartman —considerado mano derecha de Linus Torvalds y responsable de las versiones estables del kernel de Linux— donde decía algo revelador sobre la adopción de Rust en el núcleo del sistema operativo.

Al leer esa declaración, una sonrisa apareció y en mi mente un «jejejejejeje, no encuentro fallas en su lógica». Luego puse mis pensamientos en mi propio camino.

Una aventura de 32 años (y contando)

Hace más de 30 años escribí mi primer programa. Fue en una calculadora programable Casio fx-6300g que le compraron a mi hermano antes de estudiar ingeniería electrónica. Todavía recuerdo su tono gris y el manual en blanco y celeste con un BASIC adaptado. Ese encuentro fue en su pieza (cuarto o habitación), donde también reinaba un PC Olivetti Pentium de 200 MHz, 32 MB de RAM y 1.2 GB (léase con voz del Dr. Emmett Brown) de disco duro con Windows 95: ¡toda una máquina para la época!

Sin saber qué era «Hola, Mundo», mi primer programa usó la función RND para crear un juego: adivinar un número aleatorio entre 1 y 100 en 5 intentos.

Desde ese punto, he recorrido el camino de la ingeniería de software como desarrollador, analista de sistemas y profesional del backend y frontend (sí, ¡tengo paciencia con CSS!). Entre 2012 y 2015 participé en proyectos de automatización industrial, además de pasar por la banca, retail y tecnología en roles de desarrollo, gestión y mentoría.

Un hito memorable fue liderar junto a un equipo genial la plataforma del «Bono Marzo 2016» para el Aporte Familiar Permanente. Hoy sigo creando e impulsando proyectos, como este sitio web o la herramienta Verisite Scanner, manteniendo intacta la pasión por desarrollar soluciones.

Rust: entretenimiento responsable para la ingeniería actual

Lo que menciona Greg Kroah-Hartman sobre Rust describe precisamente lo que siento sobre el efecto de este lenguaje en mi desarrollo profesional, donde el día a día suele pasar en solucionar y evitar errores, y en gestionar memoria (sí, aunque sea Node.js, Java o Python y no C o C++: en entornos resilientes, en pequeños contenedores como Docker, cada ahorro de memoria y tiempo se agradece). Rust cambia las reglas del juego porque traslada parte de esas comprobaciones al compilador.

Como dice Greg, no es que el desarrollo se vuelva trivial, sino que elimina preocupaciones innecesarias. Te permite enfocar la creatividad en resolver el problema del cliente y diseñar la lógica de negocio, en lugar de estar persiguiendo fallos fantasma. Según las propias estimaciones de Greg Kroah-Hartman, «Rust habría evitado aproximadamente el 80 % de las vulnerabilidades que ha visto durante los últimos 25 años», un indicador importante a la hora de elegir un stack, sobre todo para soluciones empresariales o para negocios sensibles.

El valor de disfrutar lo que se construye

Construir software para empresas y proyectos reales no tiene por qué ser un proceso tedioso ni propenso a apagar incendios constantes. Cuando combinas décadas de experiencia analítica con herramientas modernas que garantizan rigor técnico, el resultado son soluciones tecnológicas de las que uno se siente orgulloso.

Más de tres décadas después de aquella calculadora, sigo confirmando que la informática fue la mejor elección. Y con herramientas como Rust en el ecosistema, la aventura recién empieza.

Entrevista citada

Puedes leer la entrevista completa a Greg Kroah-Hartman en Computer Hoy.